BARAKA: UNA APROXIMACION GLOBAL©
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CAPITULO
II
SALUD
Y ENFERMEDAD
Mucho
se ha escrito acerca de la salud y la enfermedad, y mas aun se escribirá en el
futuro. Estos dos términos tan diferentes en su etimología y tan análogos en
sus consecuencias, son la piedra angular sobre las que giran las ciencias
médicas.
Desde
la antigüedad, los sabios buscaron denodadamente la fuente o el elixir de la
juventud eterna. Este elixir había de dar la inmortalidad al hombre y librarle
de todo mal. Ese objetivo sigue hoy vivo, enmascarado de ciencia y tecnología,
pero la finalidad es encontrar el método, la forma, el remedio o la sustancia
que nos permita vivir mas años. Esta búsqueda nace del deseo humano a ser inmortal,
aun a sabiendas de forma innata, que sus días están contados, es decir que ha
de morir. Y es la muerte precisamente, un hecho del que solemos renegar, huir y
en definitiva, no aceptar.
La
muerte implica tomar conciencia y saber, que algún día ese YO que tanto
apreciamos, y al que tanto nos apegamos, dejara de ser YO, para ser NADA. En la NADA esta la vacuidad, el
estado no consciente en definitiva la no existencia.
El
ser humano, trata de alejar esa no existencia e incluso de no reconocerla como
tal, ya que le resulta inconcebible o mas bien dolorosa, pensar que las
maravillas de las que la naturaleza nos ha dotado para ver, oír, oler, sentir y
en su conjunto disfrutar, desaparecerán cuando nuestro cuerpo deje de latir. Es
cierto que las facultades que el ser humano ha desarrollado a lo largo de su
evolución como especie, han llegado a tal punto en el que ser conscientes de la
maravillosa y esplendorosa obra natural que es el ser humano en términos "evolutivos",
nos permite disfrutar de la infinidad de detalles de las que este Universo esta
compuesto, pero con una limitación que es la fecha de caducidad de nuestro
cuerpo, por lo que nos es imposible (al menos en teoría) disfrutar de toda esta
miríada universal de perfección natural.
Sin
embargo, si la naturaleza es tan perfecta, el ser humano se pregunta : ¿ y
porqué tengo que morir?, y antes siquiera de buscar la respuesta (como no la
queremos saber), respondemos a esta misma pregunta con una afirmación en clave
negativa: ¡¡ Yo no quiero Morir !!. A la
primera pregunta, muchos son los sabios que han dado maravillosas respuestas,
profundas y esclarecedoras. Par no redundar en ello, podemos leer a Wilber,
Krisnamurti, Castaneda, La Tse,
etc. Resumiendo podemos decir que la muerte no es mas que el principio y la
consecuencia de la vida. El aceptar esta afirmación para un ente que ha
adquirido una fase consciente de su propia existencia y que tiene la facultad
de poder dirigir su vida de forma libre albedrío, la sola aceptación de que
existe una barrera a ese libre albedrío y que no depende de su voluntad, genera
la consabida reacción negativa y búsqueda de como franquear dicha barrera
Verdaderamente,
el dicho de " la verdad os hará
libres ", viene ajustado a este hecho. No aceptar la realidad de la
muerte implica faltar a la verdad, y ello a ser esclavos de nuestras propias
limitaciones, llevándonos a la inseguridad, a la insatisfacción, la
incoherencia y en definitiva a estar sometidos a la infelicidad, y todo ello
nos hace perder el tiempo para
disfrutar de lo que si tenemos mientras existimos; la vida.
Este
agobio por lo que podemos perder, nos hace no disfrutar ni vivir. Al fin y al
cabo, nos hace vivir con ansiedad el desenlace que aún no se ha producido,
perdiéndonos el estado mas importante de nuestra existencia; el presente.
Este
presente, el hoy y no el mañana, es la verdadera inmortalidad y en donde nos
podemos sentir sobrenaturales. Estar en este estado de conciencia sobre el
momento que vivimos, es el que nos hace libres de nuestro destino. Por ello el
ser humano, en su afán de perpetuar e inmortalizar su existencia, mira hacia el
futuro como la causa de su infortunio, buscando la receta milagrosa o el
tratamiento terapéutico que le avale, le prometa o garantice una vida mas
longeva. Para ello, la salud es la raíz principal de esa longevidad, y la
enfermedad el "coco" que nos acerca a nuestro desenlace tan trágico
para nuestro ego..
Sin
embargo ver la salud o la enfermedad bajo este prisma, es angustiarse y
equivocarse en la verdadera razón de ser de ambos términos. Por un lado la
salud es un termino que viene a reflejar el estado físico, mental y espiritual
en que nos encontramos. Es un termómetro, no de nuestra vitalidad sino de
nuestra capacidad adaptativa al momento en que nos encontramos. Por vitalidad
entiendo que es siempre plena, es decir, nuestra vitalidad no se pierde nunca
mientras existimos, pues vitalidad no es mas que conciencia de ser. Sin
embargo, nuestra capacidad adaptativa en todos sus ámbitos (física, mental o
espiritual) se puede ver afectada en todo momento por causas endógenas como
exógenas. La base de una buena salud, comienza por un acercamiento de nuestra
conciencia a esa vitalidad inherente, es decir, a un mejor conocimiento de
nuestra esencia de ser, o lo que es lo mismo, de nosotros mismos. A partir de
ahí, recurrir a nuestras facultades, para adaptarnos a nuestro medio.
Mantener
una higiene mental, un respeto físico y una calma espiritual, son las bases de
un trabajo que nos adapta al medio y nos acerca a esta plena vitalidad. Donde
existe vitalidad y armonía adaptativa, la enfermedad no se instaura. La
enfermedad tradicionalmente se ha considerado como el factor desequilibrante de
nuestra salud. Normalmente se ha aceptado que son causados por agentes externos
(virus, bacterias, etc), y sin embargo la mayoría de todas las patologías
comunes que padecemos, tienen un origen endógeno. Es decir, no es ese
microorganismo el que pulula por el ambiente y viene a instalarse en nuestro
cuerpo para desarrollarse y causar la enfermedad; el causante de ello, ya que
la mayoría de esos microorganismos ya habitan en nuestro cuerpo mucho antes
siquiera de que aparezcan síntomas, es el medio que les rodea.
Estos microorganismos viven parasitándonos o en
simbiosis, de forma constante y en perfecto equilibrio con
nuestro cuerpo. De hecho, algunos de ellos son necesarios para el
funcionamiento de nuestras actividades corporales ( p.ej. Escherichia Coli).
Entonces, ¿ que es lo que desencadena una enfermedad ?. Pues si no es el
microorganismo en si, solo nos queda mirar hacia el otro lado, y allí nos
encontramos con nuestro cuerpo. Es decir, de algún modo, algo cambia en nuestro
cuerpo, que rompe ese equilibrio que mantenemos con nuestros hospedados, y hace que ellos puedan desarrollarse libremente sin
que nuestro cuerpo pueda mantener su desarrollo.
En
definitiva, el campo de batalla ha cambiado, es decir el terreno tal y como
decía Claude Bernard "el microbio no
es nada, el terreno lo es todo ". Mantener nuestro cuerpo en perfecto
equilibrio, nos permitirá mantener un buen índice de salud y por tanto de
vitalidad.
También
es cierto que existen epidemias, u otros factores exógenos que afectan a
nuestra salud. Es evidente que a pesar de mantener un buen equilibrio físico,
mental y espiritual, si un individuo se ve continuamente expuesto a un foco
infeccioso exógeno (p. Ej. Cólera, tifus, malaria, etc.) su organismo no va
poder responder ante semejante agresión. Dicho de otro modo, sería como
pretender que Andorra hiciera frente a EEUU en una guerra bélica, por muy
entrenado que tuviera su ejercito, la
relación 100:1 de sus combatientes haría inútil la contienda.
Sin
embargo para estos casos existe una vía alternativa. La prevención. La
prevención es el arma de la que gozamos para evitar tanto patologías severas
como ordinarias. La prevención es al fin y al cabo la cordura mental. La
primera regla de la prevención podríamos catalogarla como el sentido común.
Esto puede parecer una perogrullada o una simple afirmación generalista o popular.
Pero, ¿ cuantas cosas hemos hecho en esta vida de forma arriesgada, minimizando
las posibles consecuencias ? No voy a entrar en detalles, cada cual puede
dedicar unos minutos a pensar cuantas veces han caído enfermos y cuales fueron
los motivos y condiciones que previamente les rodearon antes de pasar esos
procesos. Se darán cuenta o se habran dado cuenta, que tras haber pasado
algunas de aquellas patologías, posteriormente cambiaron parte de los hábitos
que le condujeron a esa situación. (A veces de forma irremediable por secuelas,
pero aquellas que no dejan secuelas invalidantes, nos hacen cambiar hábitos.)
A
esto se le llama, sentido común. En ocasiones, puede ser inconsciente, pero el
trabajo es precisamente tomar consciencia de los hábitos de cada cual, y
analizar las consecuencias que puedan acarrear. Tomando consciencia, cambiamos
hábitos, prevenimos patologías y aumentamos nuestro capital vital.
En un
segundo lugar como regla preventiva, esta la higiene. Este es otro factor
también archirepetido, pero haciendo de nuevo recapitulación, podríamos
preguntarnos si llevamos una vida higiénica en todos los sentidos. Por un lado,
en los países desarrollados la higiene es una norma de conducta establecida,
pero que pocos saben que esta conducta responde a un criterio mas ético que
otra cosa. Hay que reconocer, que la higiene se impone, cuando se observa que
ante un aumento de esta, los riesgos de contraer enfermedades se reducen
drásticamente. Es evidente que ante tal efecto, las sociedades desarrolladas
entre los siglos XIX y XX casi aumentaron en una tercera parte su esperanza de
vida, por lo que se convirtió en norma social. Sin embargo en los países
subdesarrollados, al no tener los elementos mínimos para desarrollar un habito
higiénico (como es el agua y la alimentación), la esperanza de vida se mantiene
en los mismos niveles (o incluso menores por otras causas) que en los siglos
anteriores. (Hay que matizar que en Africa p. Ej. Cuando el hombre europeo no
había explotado los recursos de este continente, la vida media era mayor de lo
que ahora, porque vivían integrados y en armonía con su medio natural, mientras
que ahora, ni pueden ni les dejan vivir en su medio, por lo que la acumulación
de miseria y pobreza les impiden llegar a ese nivel mínimo de higiene. El
cambio sociocultural que se ha querido instaurar en este continente desde la
época colonialista, ha hecho que la esperanza de vida y su calidad sea
infinitamente peor que la que tenían hace poco mas de 100 años.)
Así
pues la higiene es parte fundamental de la salud, pero no hay que olvidar otros
apartados.
Una
higiene mental, nos va a proporcionar tranquilidad y esperanza para desarrollar
nuestro intelecto en aquellos campos que nos produce satisfacción y placer. Una
mente perturbada, atemorizada, insegura, inquieta, bulliciosa, tendenciosa,
volátil, poco cultivada, etc., producirá ansiedad, depresión, desesperación,
fobias, insomnio, alteraciones psíquicas, demencia, degeneración nerviosa, etc.
Conocer,
saber y ser conscientes de los factores causas y motivos que nos inducen a
estar en esas actividades mentales perniciosas, es mantener una higiene mental.
No existen patrones de conductas ni morales ni éticas a seguir, solo el
conocerse a si mismo nos llevara a la forma de librarnos de hábitos mentales
que nos perjudican.
Otro
apartado de la prevención vendría a ser, la forma de cultivar nuestro espíritu.
De alguna forma, el ser humano ha necesitado y necesita comprender de forma no
intelectiva su esencia, que no es mas que la esencia de cuanto nos rodea. Como
en el capitulo anterior en que hablaba del espíritu, este cultivo pasa por un
desarrollo personal de forma introspectiva. Uno de los mejores vehículos y que
además nos ayuda a solucionar los vicios mentales, es la meditación.
Sobre
la meditación existen muchos libros escritos, así como técnicas y normas, sin
embargo, me quedo con la visión de Krisnamurti. Y para ello que mejor que dejar
a él mismo que lo explique:
KRISHNAMURTI Y LA MEDITACIÓN
Si
durante el día está usted alerta, si está atento a todo el movimiento del
pensar, a lo que usted dice, a sus gestos -cómo se sienta, cómo camina, cómo
habla- si está atento a sus respuestas, entonces todas las cosas ocultas salen
a la luz muy fácilmente. En ese estado de atención lúcida, despierta, todo es
puesto al descubierto.
La
mayoría de nosotros está inatenta. Darse cuenta de esa inatención, es atención.
La
meditación no es una fragmentación de la vida; no consiste en retirarse a un
monasterio o encerrarse en una habitación sentándose quietamente por diez
minutos o una hora en un intento de concentrarse para aprender a meditar,
mientras que por el resto del tiempo uno continúa siendo un feísimo,
desagradable ser humano.
Para
percibir la verdad, uno debe poseer una mente muy aguda, clara y precisa -no
una mente astuta, torturada, sino una mente capaz de mirar sin distorsión
alguna, una mente inocente y vulnerable. Tampoco puede percibir la verdad una
mente llena de conocimientos; sólo puede hacerlo una mente que posee completa
capacidad de aprender. Y también es necesario que la mente y el cuerpo sean
altamente sensibles -con un cuerpo torpe, pesado, cargado de vino y comida, no
se puede tratar de meditar. Por lo tanto, la mente debe estar muy despierta,
sensible e inteligente.
descubrir
algo que el pensamiento no ha producido son tres:
1) se debe producir un estado de altísima sensibilidad
e inteligencia en la mente;
2) ésta debe ser capaz de percibir con lógica y orden;
finalmente,
la mente debe estar disciplinada en alto grado.
Una
mente que ve las cosas con total claridad, sin distorsión alguna, sin
prejuicios personales, ha comprendido el desorden y está libre de él; una mente
así es virtuosa, ordenada. Sólo una mente muy ordenada puede ser sensible,
inteligente.
Es
preciso estar atento al desorden que hay dentro de uno mismo, atento a las
contradicciones, a las luchas dualísticas, a los deseos opuestos, atento a las
actividades ideológicas y a su irrealidad. Uno ha de observar "lo que
es" sin condenar, sin juzgar, sin evaluar en absoluto.
La
mayor parte del tiempo está uno inatento. Si usted sabe que está inatento, y
presta atención en el momento de advertir la inatención, entonces ya está
atento.
La
percepción alerta, la comprensión, es un estado de la mente de completo
silencio, silencio en el cual no existe opinión, juicio ni evaluación alguna.
Es realmente un escuchar desde el silencio. Y es sólo entonces que comprendemos
algo en lo cual no está en absoluto envuelto el pensamiento. Esa atención, ese
silencio, es un estado de meditación.
Comprender
el ahora es un inmenso problema de la meditación -ello es meditación.
Comprender
el pasado totalmente, ver dónde radica su importancia, ver la naturaleza del
tiempo, todo eso forma parte de la meditación.
En
la meditación existe una gran belleza. Es una cosa extraordinaria. La
meditación, no "cómo meditar".
La
meditación es la comprensión de uno mismo y, por lo tanto, significa echar los
cimientos del orden -que es virtud- en el cual existe esa cualidad de
disciplina que no es represión ni imitación ni control. Una mente así, se
halla, entonces, en un estado de meditación.
Meditar
implica ver muy claramente, y no es posible ver claramente ni estar por
completo involucrado en lo que uno ve, cuando hay un espacio entre el observador y la cosa observada. Cuando no
hay pensamiento, cuando no hay información sobre el objeto, cuando no hay
agrado ni desagrado sino tan sólo atención completa, entonces el espacio
desaparece y, por lo tanto, está uno en relación completa con esa flor, con ese
pájaro que vuela, con la nube o con ese rostro.
Es
sólo la mente inatenta que ha conocido lo que es estar atenta, la que dice:
"¿Puedo estar atenta todo el tiempo?" A lo que uno debe estar atento,
pues, es a la inatención. Estar alerta a la inatención, no a cómo mantener la
atención. Cuando la mente se da cuenta de la inatención, ya está atenta -no hay
que hacer nada más.
La
meditación es algo que requiere una formidable base de rectitud, virtud y
orden. No se trata de algún estado místico o visionario inducido por el
pensamiento, sino de algo que adviene natural y fácilmente cuando uno ha
establecido las bases de una recta conducta. Sin tales bases, la meditación se
vuelve meramente un escape, una fantasía. De modo que uno ha de asentar esas
bases; en realidad, esta misma manera de asentar las bases, es la meditación.
Los
meditadores profesionales nos dicen que es necesario ejercer el control. Cuando
prestamos atención a la mente, vemos que el pensamiento vaga sin rumbo, por lo
que tiramos de él hacia atrás tratando de sujetarlo; entonces el pensamiento
vuelve a descarriarse y nosotros volvemos a sujetarlo, Y de ese modo el juego
continúa interminablemente. Y si podemos llegar a controlar la mente de manera
tan completa que ya no divague en absoluto, entonces -se dice- habremos
alcanzado el más extraordinario de los estados. Pero en realidad, es todo lo
contrario: no habremos alcanzado absolutamente nada. El control implica
resistencia. La concentración es una forma de resistencia que consiste en
reducir el pensamiento a un punto en particular. Y cuando la mente se adiestra
para concentrarse por completo en una sola cosa, pierde su elasticidad, su
sensibilidad, y se vuelve incapaz de captar el campo total de la vida.
El
principio de la meditación es el conocimiento de uno mismo, y esto significa
darse cuenta de todo movimiento del pensar y del sentir, conocer todas las
capas de la conciencia, no sólo las superficiales sino las ocultas, las
actividades profundas. Para ello, la mente consciente debe estar serena, calma,
a fin de recibir la proyección del inconsciente. La mente superficial sólo
puede lograr tranquilidad, paz y serenidad, comprendiendo sus propias
actividades, observándolas, dándose cuenta de ellas; cuando la mente se da
plena cuenta de todas sus actividades, mediante esa comprensión se queda en
silencio espontáneamente; entonces el inconsciente puede proyectarse y aflorar.
Cuando la totalidad de la conciencia se ha liberado, sólo entonces está en
condiciones de recibir lo eterno.
Entre
dos pensamientos hay un periodo de silencio que no está relacionado con el
proceso del pensamiento. Si observas, verás que ese período de silencio, ese
intervalo, no es de tiempo, y el descubrimiento de ese intervalo, la total
experimentación del mismo, te libera del condicionamiento.
La
meditación no es un medio para algo. Descubrir en todos los momentos de la vida
cotidiana qué es verdadero y qué es falso, es meditación. La meditación no es
algo por cuyo medio escapáis. Algo en lo que conseguís visiones y toda clase de
grandes emociones. Mas el vigilar todos los momentos del día, ver cómo opera
vuestro pensamiento, ver funcionar el mecanismo de la defensa, ver los temores,
las ambiciones, las codicias y envidias, vigilar todo esto, indagarlo todo el
tiempo, eso es meditación, o parte de la meditación. No tenéis que acudir a
nadie para que os diga qué es meditación o para que os dé un método. Lo puedo
descubrir muy sencillamente vigilándome. No me lo tiene que decir otro; lo sé.
Queremos llegar muy lejos sin dar el primer paso. Y hallaréis que si dais el
primer paso, ese es el último. No hay otro paso.
Krishnamurti
Tras este bello
texto, creo que no cabe añadir nada mas a la meditación y a la mente en si.
Ya hemos hablado de salud, enfermedad, muerte
y prevención. Pero ahora cabe tocar el temas mas importante que todo ser humano
se ha preguntado alguna vez. ¿Y a donde se pretende llegar en esta vida? O ¿
para que nos sirve mantener la salud si no sabemos lo queremos ni a donde
vamos?. Si no nos dejamos llevar por la ansiedad a tener que responder con
inmediatez para no ver comprometida nuestra razón de ser con la duda, la
respuesta ultima, y la esencia de vivir o de la vida en si, es, SER FELIZ. Y
acto seguido tras la agudeza de haber dado con una respuesta que todo lo
engloba y nos satisface, surgiría otras dos preguntas que son la misma; ¿ ¿y
que es ser feliz y como serlo?.....ello lo veremos en otro apartado.
Podemos
ahora abordar por ultimo, el efecto enfermedad como proceso o camino hacia la
salud. Cuando enfermamos, la vida nos ofrece la posibilidad de solucionar algo.
También nos conecta cuerpo y mente en un todo uno, que normalmente no lo están.
Así pues, deberíamos recibir las enfermedades con alborozo, pues nuestra
salud vital nos esta llamando a fin de
que realicemos algo por nosotros. Es
evidente que en un proceso patológico, el dolor sea un síntoma físico, el cual
padecemos que nos produce pavor. Sin embargo gracias a él, somos conscientes de
que algo no va bien. El dolor es un apartado mas del lenguaje corporal que nos
enseña y muestra nuestras carencias. Por lo que el dolor acucia cambios.
Nuestra resistencia a los cambios es la que acentúa el nivel de dolor. Existen
modos de atenuar, calmar o incluso hacer desaparecer el dolor, pero si ello no
comporta un cambio nuestro, este permanecerá oculto, inhibido, para mas tarde
resurgir con una agravación aun peor que la original, con lo que aumentaremos
esa resistencia a la transformación, siendo esta mas penosa y dura, cuanto mas
obviemos abordar y actuar frente a sus orígenes.
Los
modelos sobre los términos salud y enfermedad, son muchos los expuestos, unos
con mayor acierto y otros faltos de trasfondo, ya sea científico o filosófico.
De entre los muchos esquemas, referiría el que hasta el día de hoy mejor
documentado y escenificado se ha puesto de relieve, y ese es el modelo de
Vithoulkas y la clasificación de Wilber y la de Peter Levine.
En este capitulo quedaría un elemento mas a analizar.
Esta es la curación. ¿Qué significa curar? Para obtener respuestas apropiadas,
considero interesante que previamente conozcamos mas cosas de todo este
engranaje e universo corporal, con el fin de poder encontrar respuestas
apropiadas y no recetas milagrosas. Es por eso, que le dedicaremos mas adelante
una sección a ello.
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