CIEN AÑOS DE LUCHAS OSTEOPATICAS
Capitulo 2
Dr. Alain Abehsera
“Este articulo ha sido traducido del ingles al castellano por Itaca Centre de Biodinámica Craneosacral y Osteopatía. Debido a la extensión del texto original, se irán publicando periódicamente por partes ordenadas respecto del texto original. Publicación con el permiso del autor (*)”.
El leproso
Desde su origen, los craneales fueron marginados. Durante muchos años, sus trabajos fueron reservados para una minoría selecta. El “iniciado” y sus asociaciones funcionaron como sociedades secretas. A diferencia de todas las otras “técnicas funcionales” no parece utilizar ninguna fuerza física o fisiológica conocida. A diferencia de la osteopatía común, con sus raíces sólidas en las leyes de la física clásica, la “craneal” no ha encontrado, todavía, su residencia científica oficial. Los médicos “estructurales” la descartan como una técnica ineficaz, comercializada por una mezcla demagógica de misticismo y ciencia.
Los craneales rechazan estas acusaciones. Ellos sienten que son tan “científicos” como cualquier otro. Consideran la osteopatía “estructural” como un dinosaurio sobrante, condenado a desaparecer. Los trust son una violencia impuesta y, como tal, son inútiles o incluso peligrosos. Para los craneales, el osteópata no debe hablar a los tejidos. El esta allí para escuchar. Ellos se consideran como los únicos terapeutas capaces de oír, con sus manos, la voz del impulso vital en los tejidos humanos. En paralelo con este lenguaje bastante esotérico, los craneales desarrollaron, durante años, una explicación racional de su propia técnica, basada en hechos “insólitos” anatómicos y fisiológicos. Por el contrario, p. ej., cuando estos no se refieren a las “dimensiones etéreas” de la realidad, su vocabulario es idéntico al de la osteopatía “estructural”. Su cráneo biométrico, por ejemplo, es bastante similar a aquel utilizado en le contexto de la columna vertebral.
Los estructurales no aceptan esta incursión en sus principios. A estos les indigna que los craneales empleen términos como la “inflexión lateral” o la “torsión” con respecto a la sínfisis esfeno basilar. La afirmación adicional de que tales movimientos micrométricos tienen alguna importancia clínica se considera una ridiculez del arte racional de la osteopatía.
Los radicales de cada campo esperan al día en que profesionales y laicos reconozcan el valor de la autentica osteopatía, enviando al bando vencido a la fosa de la “medicina alternativa”. Muchos tienen puesta su esperanza en la investigación “definitiva” clínica o sustancial que conducirá a uno de los dos al olvido definitivo o a la gloria. Los osteópatas no se oponen a mostrar su lucha. Escriben artículos, a veces con biografías más densas, para demostrar o refutar la realidad del CRI o algún otro principio craneal.
El autor cree que esta guerra nunca se terminara poniendo a alguno de los bandos fuera de combate por definición histórica y medica. “Estructurales” y “craneales” están aquí para quedarse. Las dos prácticas corresponden a los modelos que claramente planteó Still en sus obras. Simplemente la osteopatía no puede existir sin esas dos sensibilidades. Así como no puede haber física sin una variante “estructural” y “funcional”, p. ej., sin las dos lecturas complementarias de la realidad llamadas física “clásica” y “quántica”.
Los Cuatro modelos de Still
A.T. Still era un medico autodidacta. Había probado la educación médica ordinaria durante unos meses, pero no podía soportarla y abandono. Rechazo el sentido de la autoridad y las medicinas, pero mantuvo una fascinación por la ciencia. Y entre todas las ramas de la medicina, consideró la cirugía como la más “científica”. Su lógica era impecable: los desgarros debían ser suturados, las acumulaciones de pus eliminadas, las obstrucciones abiertas y los derrames atajados. El amor indiscutible de Still por esta lógica es obvio en su nombre favorito para la osteopatía: “cirugía sin bisturí”.
La Medicina y la cirugía trajeron a la osteopatía sus convicciones científicas y poco más. Still rechazo, obstinadamente, sus medicinas y sus bisturís, sus hierbas y sus agujas. El decía: Primero prueba la cirugía sin bisturí, y solo alguna vez, la vertiente del bisturí.
Still tenía buenos fundamentos teológicos, científicos y emocionales para rechazar estos procedimientos. Buscó en la medicina lo que su Dios racional había significado para este mundo. ¿Era posible?, se preguntó, ¿aquel Dios tenia en mente venenos y bisturís, cuando El nos dio la capacidad de curar? Dios, si El es bueno, y Still está convencido de que es bueno, seguramente ha colocado los remedios dentro del cuerpo, justo donde coloco las enfermedades. De igual manera que, seguramente, una medicina divina no debería necesitar nada más sino el agua dulce, la buena comida, lo que las manos pueden hacer y lo que la boca puede decir.
A finales de los años 60, el Fundador sabía hacia donde se dirigía: hacia una medicina sin instrumentos. Una medicina del desierto. No siendo un verdadero simpatizante de la psicología y la dietética, Still se quedó solo con lo que sus manos podían hacer.
En la época de Still, había dos escuelas que no prescribían medicinas, hierbas, dietas, ejercicios ni tratamientos psicológicos. Eran conocidos como “curanderos” y “ensalmadores” y eran accesibles, tanto abiertamente como en secreto, en cada condado y cada ciudad.
Cada disciplina se ocupo de patologías diferentes y cada uno tenía sus prácticas y principios distintos. Tenían de hecho, muy poco en común excepto el hecho de que sus manos eran sus únicos instrumentos.
">">(*) DO. Alain Abehsera – www.connective.org . Este articulo se publica para su libre difusión con el permiso del autor siempre que se cite la propiedad del mismo y las referencias al documento original en ingles disponible en su web site. Itaca Centre de Biodinámica Craneosacral y Osteopatía, ha promovido esta traducción al castellano en interes de la comunidad terapeutica hispanoparlante. Traducción a cargo de Silvia Marco Peris..span>